
Debo confesar -para mi vergüenza- que el jueves pasado asistí, por primera vez, a un concierto del CNDM. Hay años en los que, paradójicamente, los asuntos musicales le apartan a uno de la música. Sin embargo, quiero pensar que lo importante es que tengo dolor de corazón y un decidido propósito de enmienda.
De momento, ya tengo apuntadas en mi agenda las citas camerísticas del CNDM para el año entrante. A los aficionados a la música de cámara, el nuevo organismo del INAEM nos da algunas grandes alegrías: visitas de los cuartetos Emerson, Tokio, Diotima; estrenos en España de las últimas obras de Adès -ardo en deseos de conocer qué ha hecho el inglés para cuarteto tras la estupenda Arcadiana-, Rihm y Manoury. También será interesante conocer las creaciones camerísticas encargadas por la institución al internacional Alberto Posadas y a los señores académicos Marco y García Abril.

El regalo más inesperado en la segunda quincena de junio de 2012: siete conciertos del Cuarteto Casals con la integral cuartetística de Webern y Schubert, más otras obras del autor de Rosamunda (La trucha con Zacharias/ Posch y el Quinteto con cuerda con Runge, del Artemis).
Fuera de Madrid, también tenemos al Casals en la Santa Cueva de Cádiz; haciendo, por supuesto, las Siete Palabras de Haydn.
Sin entrar a juzgar globalmente la programación del CNDM -que toca palos muy distintos-, debo confesar que estoy encantado con lo que, en este terreno, ha preparado para Madrid*. Lo dicho, seguro que voy y cuento.
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*Si siguiese viviendo en Sevilla -o habitase en Barcelona, por poner un ejemplo- echaría en falta mayor descentralización. La cosa camerística en (algunas) "provincias" se ha puesto tan oscura que no estaría de más una luz del INAEM.








